«Se hace el vino como se es»: la frase con la que Jaime Postigo, de Bosque de Matasnos, resumió su noche en Chiclana

El fundador de Bosque de Matasnos repasó casi veinte años de heladas, renuncias y hectáreas ganadas al bosque en el nuevo encuentro de «El vino visto por...» de la Sociedad de la Viña y el Vino de Chiclana.

Redacción
6 minutos de lectura

La Sociedad de la Viña y el Vino de Chiclana volvió a reunir a sus socios en La Venta de María para una nueva cita de su ciclo «El vino visto por…», el espacio con el que la asociación acerca cada cierto tiempo a sus socios la mirada de quienes hacen el vino desde dentro. El protagonista de esta edición fue Jaime Postigo, fundador y CEO de Bodegas Bosque de Matasnos, uno de los proyectos más singulares de las Tierras Altas de Ribera del Duero, en Peñaranda de Duero (Burgos).

En un metro cúbico de suelo que pisamos ahora mismo tenemos más vida, microbiológicamente hablando, que la que ha habido encima de la faz de la tierra en 4.000 millones de años.

Jaime Postigo, fundador y CEO de Bosque de Matasnos

De un paraje herido a una bodega de 74 hectáreas

Postigo explicó que todo empezó por azar, cuando junto a su hijo Rodrigo dio con un paraje que escondía 4 hectáreas de viñedo viejo plantadas en 1960. El trabajo en la finca arrancó formalmente en 2007. La primera cosecha, esa misma campaña, ni siquiera llegó a salir al mercado: tras su paso por madera no cumplía con el nivel de elegancia que buscaban. Un año después, en la noche del 11 al 12 de octubre de 2008 —coincidiendo con el día de la Virgen del Pilar—, una helada severa acabó con la cosecha entera.

La primera añada que sí salió adelante fue la de 2009. En 2010, embotellaron a mano las primeras 100 botellas. El salto definitivo llegó en 2011, en plena crisis económica: ante la falta de respuesta en España, Jaime decidió lanzar el vino directamente a mercados internacionales como Shanghái, Sídney y Ciudad de México. Desde aquellas 4 hectáreas iniciales, la bodega ha llegado hoy a 74 hectáreas plantadas, con planes de sumar otras 50 dentro de la misma propiedad.

Sobre el propio nombre de la bodega también hubo revelación: frente a la leyenda popular que atribuye «Matasnos» a los asnos que murieron transportando leña en los años 60, Jaime contó que una tesis doctoral demostró que el topónimo «Monte de Mata Asnos» ya existía en el siglo XV, como parte de un paraje que perteneció a una sobrina de Isabel la Católica.

Un blanco y un tinto que hablan de altura

La cata guiada se centró en dos referencias de la casa. Primero, el Petit Blanco de Matasnos, un ensamblaje de Chardonnay, Viognier y Verdejo con un toque de Albillo. Después llegó el tinto Etiqueta Blanca, un blend con base de Tempranillo (en torno al 80% del vino), acompañado de Merlot (entre un 5% y un 8%) y una pequeña proporción de Malbec (alrededor del 3%). Jaime explicó que eligió estas variedades porque se adaptan mejor a la altitud y al frío del viñedo que otras uvas de ciclo más largo, como la Cabernet Sauvignon o la Garnacha, y que el porcentaje final de cada una en la mezcla no lo decide él: lo decide el clima de cada campaña, parcela a parcela.

El suelo, protagonista inesperado de la noche

Más allá de los vinos, lo que se quedó grabado fueron las ideas con las que Jaime explicó su forma de entender el proyecto. Sobre el terreno donde nace Bosque de Matasnos: «las tierras altas del Duero son severas, adustas… nueve cosechas de cada diez tenemos entre un 5% y un 70% de pérdida por granizo o hielo». Sobre la filosofía que guía cada decisión en bodega: «se hace el vino como se es; se hace el vino con honradez, arriesgado, sincero y, sobre todo, honestamente». Y sobre la sostenibilidad, quizá la idea más rotunda de la charla: «la sostenibilidad verdadera es que el proyecto sea razonablemente viable en lo económico… Bosque de Matasnos no está conectado a ninguna red eléctrica ni de agua; somos un círculo virtuoso».

Anécdotas, preguntas y un recuerdo para Jaime

El tono distendido dejó también momentos más ligeros: Jaime, explicó cómo sus 70 colmenas y la vegetación de lavanda que rodea la finca terminan dejando huella en el aroma de sus vinos con Malbec. El acto se cerró con un animado turno de preguntas y con un pequeño gesto de la Sociedad hacia su invitado: la entrega de una Torre del Puerco, como agradecimiento por su honestidad y por el cariño que mostró durante toda la noche hacia los vinos de Chiclana.

El vino es cultura.

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