La finca donde el vino sabe a sal, arte y viento

En el corazón del Pago Jardal, Finca La Pintora transforma el paisaje atlántico en vinos honestos, frescos y con identidad propia.

vicente pastor
7 minutos de lectura

Nuestra próxima visita nos lleva al Pago Jardal, visitamos una finca con una ubicación estratégica a 1,5 kilometros del mar. Allí, el viento no descansa: el levante seca la piel de la uva y el poniente devuelve la humedad del océano. El resultado es una salinidad punzante que se pega a los labios al catar tanto su palomino como el chardonnay. Visitamos Finca la Pintora.


Finca La Pintora es un proyecto vitivinícola situado en Rota (Cádiz), impulsado por José Carlos Ferris de la Rosa, ingeniero agrónomo con una tradición familiar ligada al vino. La finca cuenta con apenas tres hectáreas y media de viñedo, donde se prioriza la mínima intervención, la vendimia manual y el trabajo ecológico. A pesar de su tamaño reducido, el viñedo tiene un papel relevante en la recuperación de la Tintilla de Rota, que ocupa la mitad de la plantación. El resto se reparte entre Palomino y Chardonnay.


La Tintilla de Rota es una variedad singular, con baja productividad y poco rentable para elaborar vinos de gran volumen. Sin embargo, es muy interesante cuando se busca un vino más exclusivo y cuidado. Su recuperación ha sido clave para reactivar el interés vitivinícola en la zona donde nos encontramos. La Tintilla de Rota que elaboran en la finca es un vino naturalmente dulce, fruto de vendimias tardías que concentran azúcares y aromas en la propia cepa, con una gran versatilidad gastronómica, sirviendo como postre, pero se puede maridar perfectamente con foie, quesos o frutos secos.

Soy un antivelo de flor porque el velo se come los aromas frutales

José Carlos Ferris


El manifiesto «Anti-Velo de Flor»: En busca de la uva desnuda


En una región donde el velo de flor (esa capa de levaduras que protege y transforma el vino) es sagrado, José Carlos rompe las leyes tradicionales, «Soy un antivelo de flor porque el velo se come los aromas frutales». Su objetivo es seducir a un público joven que busca frescura, no notas de panadería o frutos secos.

JOSÉ CARLOS FERRI


Para compensar la ausencia de la flor, José Carlos recurre a la técnica y la paciencia. Su vinos pasan «un año y pico» sobre sus lías finas con un sistema de battonage que aporta una untuosidad sedosa, equilibrando la verticalidad del suelo. Es una búsqueda de la pureza frutal: que el Palomino sepa a Palomino y el Chardonnay a fruta tropical (piña, pomelo), sin el disfraz de la crianza oxidativa o biológica. Es, en esencia, llevar el viñedo directamente a la copa. «Mi idea es que el consumidor sea capaz de percibir las características del suelo y de la uva. Busco algo más fresco, más primario, rescatando el sabor del terruño sin los aromas secundarios del velo.»


La brecha del servicio: «¿Quiere una cerveza o un vino de verdad?»

El mayor obstáculo de Finca La Pintora no es el clima, sino la barra del bar. Como hemos comprobado en numerosas ocasiones, resulta difícil resignarse a la falta de formación en parte de la hostelería local. Existe un abismo entre el esfuerzo y la dedicación del bodeguero y la inmediatez que domina el servicio en muchos establecimientos.

“Para muchos camareros es más cómodo que pidas una cerveza antes que detenerse a explicarte un vino; es más rápido”, nos comenta José Carlos. A ello se suma la tendencia de quienes alimentan la “Riberitis” o la “Riojitis”, relegando así la difusión y el reconocimiento de los vinos locales.

La anécdota es reveladora: entrar en un local, pedir un vino seco de la zona y recibir por respuesta un «Canasta» o un «Solera» (vinos dulces). Para el personal de sala no especializado, el matiz se pierde. Esta falta de pedagogía condena a los vinos de autor a la invisibilidad si el cliente no conoce la marca de antemano. José Carlos lucha contra esa inercia, intentando que sus vinos lleguen a gastrobares donde alguien sepa explicar que ese Palomino no es una manzanilla, aunque comparta su ADN salino.


¿Está listo para redescubrir Rota?

Finca La Pintora es un proyecto vitivinícola que antepone el respeto al medio ambiente al beneficio puramente industrial. José Carlos Ferri ha conseguido lo que parecía imposible: convertir la herencia de una familia bodeguera en un proyecto moderno, fresco y coherente, consolidándolo paso a paso y acumulando reconocimientos. Entre ellos destacan dos medallas de plata en VinEspaña 2026, obtenidas por el Tintilla de Rota 2022 y el Chardonnay 2023.

Finca La Pintora también apuesta por el enoturismo, ofreciendo experiencias que combinan vino, arte y naturaleza. Entre sus propuestas destacan las visitas a la viña acompañadas de talleres de pintura, una actividad vinculada al origen del proyecto, ya que la madre de José Carlos es pintora, de ahí el nombre de la finca.

La próxima vez que visites Rota, aléjate de los clichés y busca una de esas escasas botellas salinas y honestas. La pregunta es inevitable: ¿seguirás pidiendo la cerveza más rápida o te atreverás a probar el sabor real de una tierra que ha vuelto a nacer? El renacer del vino en Rota ya está en la copa; solo falta lo descubras.

EL VINO ES CULTURA

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